El joven capitalino radicado en Monterrey es un miembro notable de la generación actual de artistas mexicanos con más posibilidades de consolidación y proyección internacional. Dedicado a recuperar su biografía con dosis de humor, Salvador
está convencido del valor de la pintura como género para expresarse, cuando el empleo de medios no convencionales prevalece entre sus contemporáneos. Con una formación personal que incluye talleres en la Facultad de Artes Visuales, es un romántico entre sus pares con la certeza de que un artista “no se hace con una sola exposición ni por más éxito que tengas; el arte puede darle justificación a tu propia vida”.

Salvador Díaz es un artista joven que desde hace casi dos décadas vive en Monterrey. Nació en la ciudad de México (1977). Su familia emigró a raíz del terremoto de 1985 y se integró a la capital de Nuevo León; Salvador irrumpe exitosamente en el mercado del arte contemporáneo. Su obra es promovida por la Galería Arte Actual Mexicano. Su expresión artística está basada en la pintura y el dibujo, destacando la influencia del hiperrealismo que evoluciona para convertirse en ficción y representación desde los contextos familiares, los entornos cotidianos. Cuando uno observa los lienzos de Salvador se pueden observar superficies lisas y muy detalladas en contraste con espacios desdibujados e intervenidos enfatizando narrativas misteriosas. Díaz cuenta con una trayectoria impecable; entre sus maestros destacan el pintor mexicano Arturo Rivera y la pintora chilena Ximena Subercaseaux.

Su personalidad es paciente y tranquila; su forma de hablar, pausada y serena, contrastando en muchas ocasiones con el enfrentamiento que logra mediante su obra, la cual está impregnada de una fuerza que nos traslada a diferentes universos en los cuales el espectador es el protagonista o simplemente el pretexto para poder encontrar una respuesta a los laberintos visuales a los que se refiere.

¿Desde cuándo te dedicas a la pintura?
A los 16 años tuve mi primera exposición individual. Podríamos decir, entonces, que tengo 11 años en esta carrera. La pintura es algo que me ha dado identidad, desde que era un niño me gustaba expresarme a través de la pintura, es algo que siempre desarrollé en mi vida a la par de las actividades escolares. Cuando yo estaba en la preparatoria me interesó la pintura de una manera profesional y empecé a tomar cursos de pintura y de dibujo en los talleres de extensión de la Facultad de Artes Visuales y, a través de otras experiencias de vida, me di cuenta que uno tiene que dedicarse a lo que más le gusta y en mi caso específico fue la pintura. Así fue como la pintura fue ganando espacio en mi vida y se transformó en mi vocación.

¿Cuáles son los acontecimientos que marcaron la pauta para dedicar tu vida a la pintura?
A raíz del terremoto de 1985 mis padres (quienes son regiomontanos) decidieron regresar a Monterrey, acababa de cumplir 8 años. Vivíamos en el centro habitacional de Tlatelolco y la experiencia del temblor fue algo que marcó un parteaguas en mi vida familiar ya que fue un cambio muy drástico. De estos primeros años de vida quedan fragmentos de memoria atrapados y en cierta forma la exploración de mi primera infancia en la ciudad de México dio solidez a mis obras a partir del año 1997, cuando empecé a trabajar con el Álbum fotográfico de familia. El vivir la experiencia de haber perdido todo crea en mí una necesidad de recuperación de mis propios recuerdos y de mi pasado.

¿Cómo fue tu formación artística?
Yo soy autodidacta, pero mi necesidad de conocer más acerca del arte me llevó a asistir regularmente a las exposiciones del Museo de Monterrey y de Marco. Tenía 14 años y me iba a pintar a la plaza Hidalgo en el Jardín del Arte, ese fue mi primer acercamiento formal a la pintura. Un domingo que estaba pintando Sonia Garza Rapport conoció mi trabajo y me otorgó una beca a través de la Casa
de la Cultura de Nuevo León y entré al Taller de Experimentación Plástica, ahí mi maestro fue Esteban Ramos. Más adelante, a los 18 años, entré al Taller de Ximena Subercaseoux. Después tomé un curso de dibujo con el maestro Arturo Rivera en la Casa de la Cultura, un curso con José Montalvo, maestro cubano, y un taller sobre materiales y técnicas con el restaurador Horacio Cantú.

Tu obra se ha caracterizado por desarrollarse de una manera muy independiente de los demás artistas miembros de tu generación. ¿Cuál es tu visión al respecto?
Cuando tuve mi primera exposición individual en 2000, “Soy como un país lejano”, sí me consideraba un gran solitario, porque en ese entonces me sentía muy aislado de lo que estaban haciendo otros artistas jóvenes. Pero en estos últimos cuatro años las circunstancias han cambiado, tengo una mayor convivencia con los miembros de mi generación. ¿Cuáles son esas circunstancias? Siempre he estado abierto a conocer y reconocer cualquier manifestación artística: mi forma de creer en la pintura no se basa en negar lo demás. Mi grupo más cercano de amigos está integrado por otros artistas: Arturo Marty, Silvia Ordóñez, Ignacio Salazar, a quienes veo como una generación que tienen la generosidad de compartir sus conocimientos.

¿Cómo es tu relación de trabajo con artistas de tu generación?
En el mes de abril de 2002 participé en la exposición colectiva “Lecturas domésticas” con Pilar de la Fuente, Manuel Mathar y Gerardo Monsiváis en el Centro de las Artes de Nuevo León. Esta experiencia fue un primer acercamiento entre nosotros y en cierta forma aunque no nos conocíamos, al conversar nos dimos cuenta que teníamos puntos en común como el humor negro enfatizando las rutinas de la vida cotidiana y familiar, a pesar de que todos veníamos de entornos distintos y de que nuestra forma de trabajo es muy diferente.

¿Cuál es tu posición ante las posturas que apelan al agotamiento de la pintura como medio expresivo en el arte?

Yo creo que la pintura se sigue defendiendo sola. Creo que mi posición es la de creador joven que se vale de un medio expresivo que ya tiene una historia consolidada. Para mi más reciente exposición individual “Miedo de mí” redacté un texto en el cual menciono que los que desprecian la pintura son aquellos que no tienen interés en desarrollarla ni en conocerla. Porque considero que las posibilidades que tiene la pintura como discurso, como influencia y como fuerza para el espectador siguen siendo el primer acercamiento al arte y a su historia.

¿Cómo has estado vinculando en tu obra nuevas temáticas?
Cada exposición obedece en cierta forma a la conclusión de un trabajo y a la vez a un inicio de nuevas etapas. En “Miedo de mí” quería dejar claro el contexto de diversidad que ha tomado mi obra, a través de piezas como El flautista de Hamelín o El mármol Segal, en la cual se observa una familia de mármol teniendo de fondo una superficie en rojo, referencia que sigue vigente a través del concepto de la transformación. La identidad falsa o la representación son otras temáticas recurrentes, así como la reiterpretación que hago de temas de la pintura considerados como clásicos o ciertas obras maestras de la historia del arte.

¿Crees que Monterrey sigue siendo una plataforma importante para el desarrollo de tu obra?
Monterrey sigue siendo en México una de las plazas más importantes desde la cual se produce arte, sigue siendo un trampolín para los artistas emergentes y va a seguir siendo mi casa durante toda mi vida.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Tengo proyectos para exposiciones en Madrid y en Houston, así como ferias de arte. Algo que uno aprende es que no te haces artista con una sola exposición, por más éxito que tengas, por más ventas que logres, por más personas que visiten la muestra o por dar muchas entrevistas, te das cuenta que la producción de arte es un proyecto de vida y hay que darle una continuidad para darle una vigencia y una justificación a tu propia obra.* primer acercamiento al arte y a su historia.

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